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NOTAS / JUNIO 2014
Artes visuales

Ciclo Dos Paredes: puro presente que no necesita permanecer ni itinerar

"Memoria del caos y la intemperie", intervenciones de Daniel Roldán y Diego Perrotta, se exhibe hasta el 2 de agosto con entrada libre y gratuita. La obra forma parte de Dos Paredes, ciclo que -desde 2012- pone en diálogo diversas poéticas y prácticas contemporáneas. A continuación un breve recorrido por la historia del ciclo hasta los trabajos actuales.

La propuesta es simple: se trata de trabajar sobre la pared. Pensar una obra y soltarla al público hasta que llegue el momento de cubrirla de blanco. Desde dos paredes enfrentadas en el primer piso del Conti, se invita a dos artistas a que intervengan in situ ese espacio, con la intención de poner en diálogo diversas poéticas y prácticas contemporáneas. A la vez, se intenta dar la espalda a las lógicas mercantiles de circulación. Es un trabajo de 15 días, muchas veces en simultáneo, que se expone durante 2 meses. Luego, desaparece bajo la pintura blanca que prepara las Dos Paredes que le dan nombre a este ciclo para nuevas intervenciones: es un puro presente que no necesita permanecer ni itinerar. Y cada resabio, cada mancha que regresa a través de la pintura se convertirá en la señal del tiempo, en metáfora de un pasado superpuesto. El Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti pone en primer plano el poder revelador de esas huellas.

Por encima de ese diálogo entre artistas -juego de procedimientos comunes, distanciados u opuestos- cada obra comparte un futuro común: las paredes del espacio volverán a "estar en blanco" para que otros trabajos se sumen a un éter que comenzó a gestarse hace más de dos años (en marzo de 2012) cuando se realizaron las primeras intervenciones en Dos Paredes.

Esa es la historia y descripción de este ciclo que se fue volviendo cada vez más popular hasta adquirir un rol inesperadamente protagónico dentro de las exhibiciones del Conti. Una propuesta que apela a la libertad total del artista que raramente puede dejar de lado el contexto donde su obra comenzará a funcionar.

Pero ¿cómo es trabajar sin pensar en la permanencia de la obra? Emilio Reato, uno de los artistas que intervino ese espacio en el 2013 señala: "Creo que el ingrediente de saber que la obra va a ser destruida en poco tiempo duplica el entusiasmo ¿No es acaso ese el destino de casi todo lo recreado?"

Por otro lado, Walter Álvarez, que participó en 2012 con una fusión de poesía e imagen explicó que cuando lo convocaron pensó en hacer algo con cierto sentido de obra. "El ciclo se trata de dos artistas que trabajan casi en conjunto. Pero sin duda adquiere otra dimensión al estar emplazado en este edificio (dentro de la ex ESMA) Es un lugar fuerte, que no deja de hacer ruido".

Dos Paredes también es arbitrariedad, lo que queda fuera de control más allá de cada artista: de vez en cuando los trazos de intervenciones pasadas vuelven. La pintura no es suficiente para tapar las venas que corren por el ojo. El tiempo es ese espacio donde todos los trabajos aún confluyen.

Además de Reato y Álvarez, durante estos últimos dos años, incursionaron sobre esas paredes artistas con estéticas, formación y orígenes disímiles como Delfina Estrada, Martín Lanezán, Jimena Croceri, Viviana Blanco, Hernán Salamanco, Valeria Calvo, Omar Panosetti, Mauro Koliva, Patricio Larrambebere y Esteban Cornacchia, Amadeo Azar, Mariana Sissia, Silvia Gurfein, Carla Benedetti, Verónica Calfat, Agustín González Goytía y Manuel Sigüenza. Estantes con libros, dibujos, una bolsa de nylon colgada y llena de pintura, pequeños objetos u altares, trazos de un camión con el sello de YPF, paisajes espaciales, empapelados y hasta la mascota del mundial Argentina '78. Sobre la pared, a distancia, en el piso, en un lateral, desde los caños de agua o electricidad. De cada uno de esas obras -apenas- queda la experiencia y el procedimiento como instancia central de la práctica artística.

"Creo que a esta altura del partido, después de haber perdido muchas cosas, puedo entender que lo que pierdo es lo material. Pero hay otra cosa que no pierdo, es lo que queda. Y eso es lo que realmente me importa", reflexiona Daniel Roldán, quitando dramatismo a lo efímero y convirtiéndolo en posibilidad. Roldán junto a Diego Perrotta, exhiben hasta el 2 de agosto "Memoria del caos y la intemperie", segundas intervenciones en el marco del Ciclo Dos Paredes 2014.

La obra plantea un diálogo y un paralelismo. Por un lado, el trabajo compartido a lo largo de dos semanas, la observación y las opiniones mutuas durante el proceso, la composición inevitable dentro de un espacio que ofrece ambas postales según hacia dónde se mire; por otro, un desarrollo (o procedimiento) basado en lógicas totalmente diferentes. En el caso de Roldan, el work in progress: una composición que va tomando forma y sentido mientras transcurre. Imagen inconclusa, líneas laberínticas que adquieren formas humanas, cuerpos que se truncan, bosques secos y árboles frondosos separados por ríos o pasadizos estelares que emergen desde abajo del manto de durlock, como esa hoja en blanco que despliega el silencio donde podría recalar el poema. Bien arriba una extremidad que asoma como invitando al espectador a trepar: algo de lo que agarrarse frente al poder hermético de las imágenes. En el caso de Perrotta, ese caos, en cambio, es planificación, boceto y línea que dan vida a un eslabón engarzado dentro de una estética que el artista viene trazando desde hace años. Dos esculturas completan la obra: una triada monstruosa con reminiscencias originarias integrada por un tótem blanco con cabeza y huesos, enfrentado a un pequeño monolito negro que recuerda a un conejo. En palabras del artista, "es un trabajo hecho a pared, con materiales de pinturas al agua. Me interesó intervenir con esta imagen de una gran cabeza que domina la composición de la obra en un campo de restos de huesos. Me interesaba jugar con la pared lateral y el piso, y generar una composición de color negro. Una especie de teatralidad también puesta en escena donde dialogan tres íconos, tres personajes."

El 2 de agosto, las obras concluirán su recorrido y se incorporarán a ese pasado que sobrevive en las paredes capa sobre capa. Dos Paredes a la espera de nuevos invitados, dispuestos a ponerle el cuerpo a la experiencia, conocerse mientras trabajan y ser parte de ese camino tan intenso como fugaz.